miércoles, 7 de noviembre de 2012

Cuando no importa ser sillón

La Antonia tiene esa facilidad para acurrucarse o amoldarse al cuerpo de uno. Hoy me recosté en la cama y ella de apoco se fue acercando a mi. De pronto estaba yo de sillón de ella, mientras veía Barney por Nextflix. No existe mayor placer que tomar en brazos a un hijo, sobre todo cuando duerme y tienes que llevarlo a su cama. Entre más pequeño está, mayor es la fragilidad y mayor el placer de acurrucarlo en su liviandad. 

Por eso la Anto tiene esa increíble adaptabilidad de acomodarse a tu estado actual y en sinergia con tu cuerpo acomodarse. Si estás sentado, acostado, de pie, ella ser encarga de hacerlo un proceso que no moleste.

La Maida en cambio te invade. Cada vez que puede me agarra del cuello, se sube a mis hombros y, se da vuelta y me conversa mirándome a los ojos mientras la sujeto para que no se caiga...Ella es una loca hermosa.

El Tomás ya tiene seis años pero aún me lo puedo, anoche llegué tarde y me esperaba durmiendo al lado de la cama. Lo tomé en brazos y lo llevé sin problemas a su cama. Pero se que me queda poco tiempo para poder tomarlo con la agilidad de antes, ya esta grande y el peso se siente.

Disfruto que ellos estén encima, que sean pegotes y quieran que los tome en brazos. A veces los tres están encima, les encanta que los lleve a todos de un lado a otro de la casa.  Esos momentos son tan únicos y con fecha de término que ser el sillón de mis hijos que lejos de ser una molestia es un gran privilegio.


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